viernes, 13 de abril de 2012

Ode to my cigarette.

Una noche descubrí que si tenía cigarros no me haría falta nada, me encontraba en una soledad total, en un silencio que lo impregnaba todo, ni mis pensamientos hacían ruido, el ritmo cardiaco se me había desacelerado a causa del cansancio emocional, ya no pensaba en nada, no quería nada, no me importaba ni la mosca que caminaba cerca de mi boca, no me importaba respirar con un solo poro de la nariz, era tanto el agotamiento que el único sonido que me hubiera gustado escuchar en ese momento, era el del indicador cardiaco cuando esas lineas verdes, de un verde electrónico, dejan de subir y bajar, de dibujar montañas picudas y pendientes extremas y se convierten en una sola linea horizontal, continua, constante.

No necesitaba un trago, el alcohol había dejado de ser una opción después de padecer con mayor intensidad los estragos del día siguiente. No necesitaba un abrazo, ni una palmada en la espalda, ni alguien que durmiera conmigo, no necesitaba un programa de ventas por televisión, ni una película repetida, ni un libro, a pesar de haberlo intentado todo. No tenía sueño, ni hambre, aquello era una suspensión total de mi cuerpo en el espacio, no sabía si me encontraba recostado en la cama o flotaba o caía.

Y me puse a fumar, saqué un cigarrillo de la caja, lo llevé a mi boca y lo encendí sin darme cuenta que esto, era la primera acción que realizaba dentro de mi letargo, ahora fumaba sentado sobre la cama y recostado sobre la pared, ya no flotaba, ni caía, buscaba un cenicero o una botella o un vaso a donde tirar la ceniza, caminaba en mi habitación, me veía al espejo con el cigarro entre mis dedos, entre mis labios, la combustión de la braza en cada fumada rompía levemente el silencio, lo suficiente para saber que no me había quedado sordo y que no me encontraba en otra dimensión.

 En ese momento supe que algo tan insignificante me conectaba con la realidad, que siempre debería asegurarme de tener suficientes cigarros para la noche, para esas noches en las que no necesito nada, ni quiero nada, ni pienso en nada, en ese momento supe que cuando me vuelva a encontrar en estado de inconsciencia y no me levante por un cigarro, quizá no me levante para nada.

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